Una mirada sobre las obsesiones. Análisis de “Historia Del Ojo” de George Bataille.

“Historia del ojo” es un relato perturbador de la literatura erótica surrealista donde confluyen las esencias de la obsesión del autor por la muerte y la fe, donde se evidencia su angustia frente a todo lo sexual y que se configura entorno a un relato que aturde los sentidos y sobrecoge el alma. ¿Pero éste no es acaso el sentido del surrealismo?

Los surrealistas descubrieron que tenían que cambiar primero la mirada, reinventar el modo de ver el mundo y el punto desde donde se observa éste. Por eso cegaron la mirada externa, para poder acceder a la visión de lo íntimo y explorar el subconsciente descubierto por las teorías del psicoanálisis de Freud. Historia del ojo es la narración surrealista de las obsesiones sexuales más oscuras de Bataille. La primera parte es descaradamente irreverente y placentera, en tanto que el final es macabro y confunde los sentidos…Pero, el surrealismo es así, ¿No?  Perturbador como en “Un chien andalou” de Buñuel y Dalí, donde la turbación surrealista es llevada a su culmen y con una claridad brutal en la escena en la que sajando aquel ojo… horripila y sobrecoge al espectador.

La obsesión por el ojo no es única y exclusiva de Bataille, por el contrario, es común entre los surrealistas, aunque en el caso de Bataille si puede haber tenido un diferente origen, relaciona las imágenes que de un modo inconsciente y automático evocan el ojo, el huevo, el sol, los testículos del toro, con toda la carga de connotaciones ancestrales y con la mitología que esconden estos símbolos, descubriéndonoslos a través de la mirada erótica y obsesiva de Simone.

Es la mirada el origen del interés surrealista por los ojos, es más, por el ojo, en singular; por su rara perfección, por su limpieza y belleza, por sus coloraciones y matices expresivos, por su capacidad de comunicación (no digamos por su capacidad de comunicación sexual…), las miradas severas y reprendedoras, las miradas inocentes, las miradas sucias y obscenas, las miradas limpias y claras…

El ojo de dios que todo lo ve, el ojo… ha estado presente en toda la mitología, religiones e historia humana y su ausencia (la ceguera del padre de Bataille) es lo que le provoca estas ensoñaciones entorno al ojo que él traduce desde la libido en las imágenes subversivas de Simone, con una mirada libre de censuras y represión. Mostrando desde una ensoñación del subconsciente las escenas que transforma en pesadillas, superando las morbosas y sexualmente bellas para adentrarse en su metafísica y en su sentido interno, mostrando la muerte y el ojo como oscuro objeto del placer.

La joven Simone transgrede sin pudor en todos sus actos cualquier norma de comportamiento sexual admitido, ella es la encarnación del Deseo inconsciente y la transgresora de los tabús y normas sociales y religiosas, del pecado, del sacrilegio y de lo prohibido, para alcanzar el placer que representa la mayor transgresión religiosa, pues convierte el cuerpo en objetos de su placer (el cuerpo del cura y el cuerpo de Cristo) y no de la reproducción como mandato divino, por esto, el placer debe castigarse con la muerte, asimilando la muerte de Marcela y del cura con el máximo goce para ella… En lo sexual, Simone se muestra ávida de todo lo que violente el orden establecido convirtiéndose en un momento en sugerentes imágenes de todo aquello ligado a la sexualidad más profunda. Simone es el surrealismo y mediante el orgasmo busca alcanzar la luz, convertirse en luz liberadora.

“Historia del ojo” es la narración sobrecogedora de las obsesiones más ocultas y no menos surrealistas, un recorrido por los objetos más simbólicos de las obsesiones y perversiones del autor. Desde el relato se hace una sucesión de ellas, sirviéndose del bondage, el fetichismo, la lluvia dorada, los tríos y orgias, del voyerismo, la salofilia, la sitofilia para finalizar con la necrofilia… haciendo de los olores y sabores la evocación de imágenes perturbadoras. Pero es la urolagnia, la micción y la orina (aparte de la muerte, como ya hemos dicho) uno de los mayores objetos del oscuro deseo para Bataille, los fluidos salobres están presentes a lo largo de todo el relato, la orina, el sudor, la sangre, el semen; todos ellos posiblemente evocasen el recuerdo del rictus de placer de su ciego y sifilítico padre durante la micción.

En el capítulo VIII “Los ojos abiertos de la muerta”, Bataille pone en palabras del joven amante de Simone:

“A muchos el universo les parece honrado; las gentes honestas tienen los ojos castrados. Por eso temen la obscenidad. No sienten ninguna angustia cuando oyen el grito del gallo ni cuando se pasean bajo un cielo estrellado. Cuando se entregan “a los placeres de la carne”, lo hacen a condición de que sean insípidos.”

Y esto me hace reflexionar sobre tres aspectos:

  • Sobre la liberación de mis temores, mi mirada, mi castración social en el ejercicio de mi profesión, el trabajo social y la sexología, así como
  • la importancia de la empatía en el ejercicio de la terapia, asesoramiento y educación sexual desde la mirada de un trabajador social
  • y consecuentemente la aceptación incondicional del cliente/usuario.

Al prisionero de apariencia burocrática que hay en mí, le produce cierta admiración poética y surrealista las imágenes evocadoras de los primeros capítulos, a la vez turbadoras y desencadenantes de la liberación sexual de la mente hacia el juego, el deseo y la erótica, que Bataille nos propone. Pero el sexo obsceno se torna macabro en Sevilla, donde se desarrolla uno de los episodios más importantes del texto con retratos turbadores y obsesivos de los placeres más ocultos que giran en torno a la muerte los que me resultan demasiado inquietantes e incómodos.

No pensé que a estas alturas de mi vida me fuesen a desagradar tan profundamente los retratos sexuales que hace el autor de las obsesiones de los protagonistas, con el ejercicio de los placeres y deseos más ocultos del subconsciente, pero ciertamente su lectura no ha sido tan satisfactoria como la imagen sugerente e insinuante de las nalgas de Simone sobre el plato de leche.

Pero no es menos cierto que desde la exploración de mis limitaciones y desde la aceptación y reconocimiento de mis tabús, mis miedos, mis desagrados y antipatías, de mis castraciones sociales (especialmente las sexuales) es desde donde se inicia el camino para la liberación y comprensión, facilitando la escucha activa y empática de los más oscuros secretos de los demás. Es el camino de la aceptación incondicional de la que nos habla Carl Rogers, para él la terapia debe focalizarse en que el cliente alcance la congruencia entre conducta y emociones y así pueda desarrollarse plenamente. Para ello es requisito indispensable que el profesional sea congruente consigo mismo y mostrarse desde lo que se es… el cliente percibirá así a un profesional (a una persona transparente, limpia, en la quien confiar).

Todos hemos oído hablar de la empatía, y parece que todos presumimos de practicarla, pero en el ejercicio profesional del trabajo social y la sexología, la empatía es algo más que lo que la RAE nos ofrece (1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien. 2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.), sin duda esta definición es insuficiente desde la perspectiva del trabajo social ya que la empatía no sólo conecta a las personas, debe reconocer las emociones para comprenderlas, buscando la conexión con la otra persona, en muchas ocasiones no es necesaria una respuesta verbal puesto que se centra en el plano emocional. La empatía no busca solucionar los problemas o estado de ánimo del otro, no busca la aprobación, busca nada más y nada menos que “comprenderlo”. Desde la empatía no se juzga al otro. Es por todo esto que la empatía, requiere de un aprendizaje previo y entrenamiento.

El ejercicio de la empatía no es tan fácil, como pueda parecer… no todas las personas, ni todos los técnicos están dispuestos a aceptar y empatizar con el pederasta, con el terrorista y asesino de mujeres, con el obseso sexual y con el necrófilo (y es muy respetable, pues desde el reconocimiento de esta incapacidad profesional, se permitirá como veremos en una próxima entrada, promover las adecuadas medidas para proporcionar atención también a estas personas) de hecho ni siquiera en el relato todos los personajes son capaces de soportar la vulneración de estos tabús, que por otro lado les provocan tan enormes placeres, conduciéndolos a la locura, tras un sufrimiento moral y terrores imposibles de soportar, transformando los deseos sexuales en las más temidas pesadillas como es el caso de Marcela.

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