Presente y futuro para la conmemoración del Día de la LGTBIfobia

En la entrada de ayer sobre la conmemoración del día de la LGTBIfobia ofrecí mi punto de vista sobre la necesidad de conocer el pasado para comprender nuestro presente y en la entrada de hoy espero poder compartir cómo visibilizar las formas de opresión y discriminación pueden ayudarnos a señalar una opresión compartida, aunque no idéntica, no sólo entre las personas LGTBI, sino con otras diversidades humanas. Es por ello, que me he permitido hacer un recorrido por todo lo que he leído sobre la conmemoración del día de ayer y que desde diferentes miradas y sensibilidades hacen diversas aportaciones que considero de interés destacar aquí, realizando algunas aportaciones.

El primer hecho al que nos enfrentamos cuando hablamos de LGTBIfobia es al galimatías de siglas que dificultan la comprensión de esta discriminación, en este sentido es muy acertada la entrada “La diversofobia y sus tipos” de Agustín Romero López para él la definición más incluyente sería Lgbtiq+fobia (complicamos aún más el acertijo…) consecuentemente y por economía verbal las personas activistas hablan de homotransfobia, proponiendo Romero el termino diversofobia, entendida como: “odio, rechazo o desvalorización que se expresa a través de discriminación, violencia y la violación de derechos hacia cualquier práctica, orientación, discurso o ideología asociada con la sexualidad alternativa, distinta a la hegemonía heterosexual” recogido de Pedro Enrique Villasana López en su artículo “Diversofobia, Violencia y derecho a la salud y al trabajo” término con el cual no termino de ubicarme… pues puede conducirnos a confundir y entremezclar la diversidad sexual con la diversidad funcional o la diversidad racial… y podríamos liar aún más el rizo, si estas diversidades confluyen en una misma persona…(seguro tema para otra entrada futura…)

Etimológicamente creo de interés reivindicarse como marica, bollo, trans o queer, reivindicarse desde el desprecio con el que la sociedad nos ha señalado, empoderarnos y adueñarnos del insulto y reconvertirlo en nuestra seña de identidad, en el reconocimiento de lo diverso, precisamente porque es muy importante cómo llamar a las personas, porque desde el lenguaje también se construye el mundo… El acrónimo “LGTBI” recoge a un grupo social muy disgregado y diverso, designa a Lesbianas, Gais, Transgénero, Bisexuales e Intersexuales y viene a sustituir al anterior acrónimo LGTB (Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales) por ser más inclusivo, dado que este último oculta la “I” de Intersexualidad y la “Q” de Queer, o el signo + que representa a los que se suman a la defensa del hecho homosexual que frecuentemente se incluye desde el activismo. Si bien es cierto, que lo “Gay” toma protagonismo incluso ocultando lo lesbiano, transgénero, intersexual y bisexual, a pesar de esta fragmentación en mi opinión resulta útil unirlo bajo este término puesto que las necesidades de las personas LGTBI son relativamente homogéneas resultando de interés una lucha comunitaria por los derechos para las personas diversas.

Pero claro, no todo es unión y paz cuando hablamos de personas y es en este momento en el que quiero reflexionar sobre el muy interesante artículo de Marta Borraz que publica en El diario.es “Gay sí, pero que no se note”. Donde se evidencia que salirse de los roles de género, incluso entre la comunidad LGTBI, no respondiendo a las expectativas diseñadas sobre lo que se entiende que debe ser un hombre y una mujer y sólo hay una forma de serlo, convirtiendo el género en algo estanco y quien saca los pies del tiesto es señalado como diferente… siendo un motivo para la discriminación y estigma entre las propias personas LGTBI y por supuesto de la sociedad en general, de este modo la sociedad penaliza mediante la llamada plumofobia (aversión hacia el amaneramiento) que se convierte en una forma de homofobia que marca a aquellas personas con pluma, se convierte de este modo el oprimido en opresor puesto que ha sido vulnerado lo homonormativo que considera las formas correctas para mostrarse, comportarse, etc. No sólo la homonormatividad y consecuentemente la plumofobia suponen un problema; señalar también que otra marginación especialmente evidente dentro del colectivo LGTBI es aquella caracterizada por un culto excesivo a la belleza y la juventud y en el que a veces pueden apreciarse rasgos de lo que ha venido en denominarse “edadfobia” para Beatriz Gimeno es debido a la presión del entorno gay y de la cultura gay que los gays sufren un “envejecimiento acelerado”. Esto es que los gays se sienten viejos mucho antes que sus pares heterosexuales. En las lesbianas no parece ocurrir de igual forma, como consecuencia se hace necesario mantener una postura activa contra la discriminación de las personas mayores y contribuir a su visibilidad dentro y fuera de la comunidad LGTBI.

No quisiera finalizar sin hacer un recordatorio sobre la campaña llevada a cabo por la Fundación Daniela y Fundación Cibervoluntarios que han lanzado una campaña contra el bullying que sufren menores y jóvenes trans bajo el lema: #SoyDiverse para conmemorar el día internacional contra la LGTBIfobia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s